Organizaciones saludables: del diagnóstico al bienestar

A pesar de la pandemia, o quizás por eso mismo, hubieron organizaciones que se mantuvieron saludables. ¿Cómo lo hicieron? En esta nota Guadalupe Benavídez y Mariela Rodríguez Ponte nos explican qué son las organizaciones saludables, qué pasa con el bienestar y los líderes, y por qué sin diagnóstico no hay largo plazo.

En los años previos a la pandemia, los números sobre salud en relación al trabajo no fueron alentadores. Según un estudio conjunto entre la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT),  durante 2016 murieron más de 745.000 personas a nivel global a causa de cardiopatías isquémicas y accidentes cerebrovasculares atribuibles a largas horas de trabajo. 

La investigación, que se basa en estudios realizados en 194 países, entiende como largas horas de trabajo a 55 horas por semana o más. ¿Vos también estás haciendo las cuentas? 

Cuatro años después, llegó la emergencia sanitaria por Covid-19 y una larga lista de consecuencias a la salud física, mental y emocional. Entre ellas, como vimos en la primera edición de este newsletter, el agotamiento laboral, conocido también como síndrome de agotamiento o burnout.

Ahora bien, ¿Qué significa esto para las organizaciones? ¿Cómo sabemos si la nuestra es una compañía saludable? ¿Cómo pasamos de la ansiedad a la acción?

El bienestar en la organización

“Uno de los aspectos fundamentales de una cultura de bienestar es poner a la persona en el centro, es decir, comprender todas sus dimensiones y entender al bienestar desde una mirada integral”, nos explica la licenciada en Nutrición y coach en Salud, 

Si bien el bienestar engloba diferentes dimensiones, para la autora de Personas saludables, organizaciones saludables: gestión de salud y bienestar “como eje fundamental es prioritario que se promueva la plenitud de conciencia y el autoconocimiento, que son herramientas clave para alcanzar el equilibrio y maximizar el bienestar organizacional”.

Guadalupe entiende que los cambios en la primera ola de la pandemia no fueron necesariamente trabajo remoto adecuado, pero tiene una perspectiva positiva a futuro. “Creo que la pandemia ha sido una gran oportunidad para que las organizaciones más  rígidas que no veían al trabajo remoto, blended o híbrido como posibilidad puedan adoptar a largo plazo esta modalidad dual”, señala.

Más allá del tipo de organización que se tenía antes de la emergencia sanitaria, anticipa que “a medida que la vida se vaya normalizando, que más cantidad de gente esté vacunada, que los niños puedan volver a diario a la escuela o bien a tiempo completo, seguramente la modalidad de trabajo remoto será más llevadera, más productiva y más sostenible”.

Líder saludable se hace

Hay algunos problemas que son tan grandes y fuera de nuestro control individual que tienden a abrumarnos. Nos paralizan. Un ejemplo de eso es el cambio climático, tan gigante y con efectos tan duros que son difíciles de asimilar. Con la pandemia, por momentos, nos pasó lo mismo. 

Eso no quiere decir que no podamos hacer nada para mejorar o para luchar contra los problemas. Para eso, es clave que los líderes se sacudan el tipo de ansiedad que nos frena y pasen a la acción.

Para mantener el bienestar dentro de las organizaciones es necesario contemplar a la salud como eje estratégico de la cultura organizacional. “El líder saludable es una persona curiosa, abierta al cambio, empática, con capacidad de escucha activa, que se pregunta constantemente cómo puede ayudar a las personas a desarrollar las competencias que necesitan. Pero también ayuda al desarrollo de las habilidades emocionales y las circunstancias que favorecen a sentir satisfacción en el trabajo y desarrollar una vida más feliz y saludable, más allá de la organización”, explica Guadalupe Benavídez.

En un marco de pandemia, especialmente cuando no nos cruzamos en los pasillos, prestar especial atención a la salud mental es clave: “un líder y una organización que fomenta realmente una cultura de bienestar debería propiciar un ambiente donde se fomente el diálogo y que las personas no se sientan en la necesidad de ocultar sus afecciones de salud mental por temor a un impacto negativo en el desarrollo de su carrera. Aquellos que puedan hablar y compartir sus propias inquietudes y preocupaciones, serán líderes que abren la puerta para que otros hablen sobre sus desafíos cotidianos”.

¿Y cómo se llega a tener esa habilidades como líder? ¿Son innatas? Para la autora, “un liderazgo saludable tiene en cuenta en primer lugar a las personas y esta es una habilidad que también se entrena”.

Es necesario, entonces, apelar a la acción de las empresas: “no podemos hacer con los demás lo que no hemos experimentado con nosotros mismos. Una empresa saludable favorece el desarrollo de líderes que puedan gestionar sus propias emociones, su rabia, su miedo, su angustia, para luego poder canalizar las emociones de las personas que conforman los equipos de trabajo. Es imprescindible que los líderes ejerciten su capacidad de atender y entender sus emociones para poder luego replicarlo con los demás”.

Estrategias para el bienestar

 La tranquilidad que nos trae saber que un líder saludable “se hace” es que hay solución. Se puede estar mejor, se puede acompañar a otros a estar mejor y se puede pedir ayuda para lograrlo.

“Creer que una empresa es saludable porque le ha provisto a sus colaboradores elementos como un escritorio o una silla ergonómica para armar su puesto de trabajo es una mirada antigua y muy simplista. El asunto es mucho más complejo”, explica Guadalupe.

Entonces, ¿qué medidas se pueden adoptar? “Existen diferentes estrategias que las organizaciones de vanguardia están implementando y van desde el acompañamiento remoto en todos los aspectos que hacen al asesoramiento médico, a la coordinación de chequeos médicos anuales, al acompañamiento nutricional para el cambio de hábito, al fomento de la actividad física, entre otros. Quienes usan la tecnología a través de aplicación, sistemas de incentivos para favorecer un mayor alcance y la motivación, pero a la vez individualizan y personalizan las iniciativas en función de las necesidades de cada persona, serán quienes logren resultados a largo plazo y sostenibles. ¡Hay que recurrir a la creatividad!”, concluye Guadalupe Benavídez.

No es magia, es diagnóstico

Para poder promover una cultura del bienestar con estrategias creativas es necesario, primero, hacer un diagnóstico consciente. Esta es la madre de todas las soluciones. Sin conocer el verdadero estado de la organización, de sus colaboradores y también de sus líderes, cada acción que se lleve adelante será innocua en el mediano y largo plazo. Los parches -las curitas- sólo sirven para un rato.

¿Cómo se hace un diagnóstico? Además de tener un sincero deseo de mejorar, para saber qué está pasando es necesario estar dispuesto a entrar en un proceso de indagación y análisis mediado por expertos. 

La directora de Operaciones de nuestro equipo, Mariela Rodríguez Ponte, nos explica cuáles son los puntos básicos que se deben cubrir. “Los ejes pueden variar según la necesidad, pero generalmente suelen ser cuatro: negocio, cultura, liderazgo y comunicación”, señala y da detalles de cada uno:

 Negocio tiene que ver con el conocimiento de los temas clave, la alineación o no de los distintos sectores con la estrategia.

  • Cultura aborda los modos de ser y hacer particulares de la organización y cómo los colaboradores se identifican con ellos. 
  • Liderazgo incluye el análisis del modelo de liderazgo de la organización si lo tiene, las percepciones de los líderes, cómo se sienten en relación a su rol y si cuentan con las herramientas necesarias. 
  • Comunicación aborda la fluidez, los canales que se utilizan, el grado de formalización de los espacios, entre otros aspectos. 

Una vez que se inicia el proceso, no hay vuelta atrás. Por eso, hay un punto sobre el que es necesario focalizar para que el diagnóstico sea exitoso: los colaboradores. 

El inicio de cualquier proceso alerta de que algo se está moviendo en la compañía. Para evitar prejuicios y, sobre todo, para tener una mirada más amplia del estado de la cuestión es importante conocer su percepción. Esa mirada es irremplazable. Por eso, es fundamental compartir avances y, ya con la estrategia creativa en proceso de implementación, mostrarles qué se hizo y por qué fue importante su aporte.

Como conclusión, podemos decir que el diagnóstico mediado pone a líderes y colaboradores a pensar en qué se está haciendo y por qué. No existen soluciones rápidas de gestión efectiva, especialmente si tenemos el problema demasiado cerca. 

Por eso, es fundamental buscar otra mirada, buscar otra perspectiva. Esto es válido más allá de la crisis o la pandemia que nos toque atravesar. Si identificaste el deseo y la necesidad de que la organización esté mejor, ese es el camino.